Desde que anunciaron la salida de su segundo trabajo sentía curiosidad por estos riojanos que ya con su primer disco consiguieron hacerse oír por todo el territorio nacional.
Afrontaba la escucha de Alma de Fuego desde el desapego y la ausencia de expectativas, movida por la curiosidad y las ganas de dejarme sorprender por la propuesta musical de un grupo que me llamaba pero al que hasta el momento no había dedicado la atención que merecían.
En las primeras escuchas la presencia de esas baterías incansables, sin tregua, fue de lo que más me llamó la atención. Si bien de primeras eso me llevó a pensar que hubiese preferido unas baterías más variadas y que se apoyasen menos en un doble bombo frenético, en la cuarta o quinta escucha asimilé que la fuerza de los temas provenía en gran parte de esas baterías que de primeras me habían dejado algo descolocada y que ahora agradezco con una sonrisa mientras camino deprisa moviendo los pelos y con los puños bien cerrados mientras voy por la calle cantando "Lo llevo en la Sangre" o "La Tormenta".
Simultáneamente a mis preocupaciones por las baterías fijé mi atención sobre la voz, primero porque no es la habitual para el estilo de música en el que de primeras se podría enmarcar a ZENOBIA, y segundo porque Jorge B tiene tanto una voz como una forma de cantar muy personales, una voz quebrada y limpia y profunda a la vez, que el vocalista sabe manejar a la perfección para ejecutar unas melodías vocales que impregnan todo el disco de una personalidad única que va modulándose en función de las exigencias expresivas de cada tema.
Ahora que ya llevo el disco escuchado innumerables veces y puedo hablar desde dentro de su música, que por otro lado es como creo que mejor se puede sacar a la luz lo que un grupo tiene que aportar, sin esos pretendidos alardes de neutralidad y objetividad de los que creen que escuchar música con criterio tiene algo que ver, aunque sea remotamente, con hacer de ello algo "profesional" y, para no perderme por terrenos lejanos, he de decir que Alma de Fuego es un disco que destaca por su potencia, por la velocidad a la que nos transporta sin dejarnos a penas tiempo para respirar, por la mezcla de guitarras que no pueden evitar traernos a la mente a nuestros añorados TIERRA SANTA y por una voz que aporta la credibilidad, crudeza e intensidad a unos temas que te estallan entre las manos antes de que puedas darte cuenta.
ZENOBIA han llegado a un equilibrio filtrando a través de su personal prisma sonoro el uso de elementos clásicos dentro del género como son las trepidantes baterías o unas guitarras que condensan gran parte de su energía en riffs pegadizos para obtener de ese modo un disco que convencerá a cualquier amante del heavy metal de principio a fin.
Terminada la escucha del disco es imposible que no revuelen en la memoria retazos de los trallazos que acabamos de escuchar, como ese "Yo seré quien le ponga voz a tus deseos..." de "La Tormenta" o la rabia contenida en esa tensión que precede a la furia sin tregua con ese "Siempre luchar, nunca rendir, aunque cueste la vida, jamás llorar sin resistir..." del tema que da título al disco y que tan bien condensa lo que la banda logra transmitirnos hasta que no hay ni una sola parte de nuestro cuerpo que no esté dominada por la potencia y garra de ZENOBIA y ese "Alma de Fuego" que arde en todos nosotros y que brilla con fuerza cuando coreamos aunque sea para nuestros adentros es "Llevándolo en el corazón como una religión, es el metal, es nuestra voz, es toda mi pasión…" de "Lo llevo en la Sangre". Así podríamos seguir saltando de un tema a otro, hasta que llegados casi al final todo el rencor se apodera de nuestra voz y gritamos en silencio "Sólo quiero que tus días ya se acerquen al final, que tus ojos nunca dejen de llorar".
Imposible quitarse los temas de la cabeza, una vez inoculado su sonido en nuestras venas podemos estar seguiros de que ahí permanecerá por un tiempo indefinido. Ahí reside la magia de un buen disco, en no abandonarnos una vez lo hemos asimilado, y Alma de Fuego ha demostrado que lo tiene todo para acompañarnos de día y de noche con toda la fuerza del más puro metal.
Texto: Kayrós
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